Casi involuntariamente colocó sus piernas encima de mis hombros, en esa postura mi lengua empezó a jugar en su entrepierna siguiendo la punta de la fusta que me indicaba donde dirigir en cada momento la punta de la lengua. Poco a poco la lengua fue sustituyendo a la fina fusta que se hundía entre su sexo y fue la propia lengua humedecida la que se fue hundiendo.... Los suspiros se fueron convirtiendo en gemidos. Mis labios rodearon su clitoris y lo succionaron muy despacio al tiempo que lo empujaba la lengua a su lugar...
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viernes, 31 de diciembre de 2010
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